La profilaxis preexposición es una herramienta eficaz para prevenir el vih y forma parte de las estrategias de prevención combinada. Sin embargo, su acceso continúa siendo desigual en América Latina. El desafío ya no es solamente contar con evidencia científica, sino garantizar que las personas puedan elegir y utilizar las herramientas de prevención que necesitan.
La profilaxis preexposición, conocida como PrEP, cambió
una parte importante de la conversación sobre prevención del vih. Por primera
vez, millones de personas pueden contar con una herramienta preventiva que no
depende exclusivamente del uso del preservativo y que permite tomar decisiones
sobre el propio cuidado antes de una posible exposición al virus.
La evidencia científica ya no es el principal
interrogante. La Organización Mundial de la Salud reconoce a la PrEP oral como
una herramienta altamente eficaz cuando se utiliza según las indicaciones y, en
los últimos años, incorporó nuevas alternativas de prevención de acción prolongada.
La pregunta que queda para América Latina es otra: ¿quién
puede acceder realmente a esas herramientas?
Un análisis regional publicado sobre políticas de PrEP
revisó la situación de 20 países latinoamericanos. Encontró políticas de
provisión para poblaciones clave en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba,
El Salvador, Haití, México y Perú, mientras que en otros países la
disponibilidad estaba vinculada a investigaciones, proyectos piloto o procesos
de ampliación todavía incompletos. En algunos casos, además, la información
disponible sobre acceso era limitada.
La diferencia entre que una tecnología exista y que
pueda ser utilizada es fundamental.
Una política de prevención no se completa con una guía
clínica. Necesita servicios accesibles, profesionales capacitados, información
clara, confidencialidad, disponibilidad sostenida de medicamentos y estrategias
capaces de llegar a las personas en los territorios donde viven. También
necesita que las comunidades conozcan las alternativas y puedan participar de
las decisiones sobre cómo se implementan.
La propia OMS plantea que la PrEP debe formar parte de
una estrategia integral y que su implementación tiene que considerar las
barreras legales y sociales que enfrentan algunas poblaciones para acceder a
los servicios de salud. Por eso recomienda que la provisión pueda involucrar no
solamente a equipos médicos, sino también a trabajadores comunitarios, pares,
farmacias y otros espacios capaces de acercar la prevención a las personas.
Esta dimensión territorial apareció con fuerza durante
los talleres presenciales de Acción en VIH realizados en Jujuy, Salta y
Tucumán. En las tres provincias surgió la necesidad de acercar la prevención a
los barrios y de fortalecer las estrategias de PrEP, junto con el testeo, la
información, la salud mental y el acompañamiento comunitario. La propuesta de
crear consultorios de PrEP en los territorios apareció como una de las
alternativas para reducir las distancias entre la herramienta y quienes podrían
beneficiarse de ella.
Ese planteo permite entender que hablar de acceso no
significa solamente hablar de medicamentos.
También significa hablar de tiempo, distancia,
burocracia, privacidad y confianza. Para una persona, tener PrEP disponible en
el sistema sanitario no necesariamente significa que pueda utilizarla con
facilidad. Si debe atravesar múltiples consultas, explicar reiteradamente su
situación, enfrentar prejuicios o trasladarse largas distancias, la existencia
formal del servicio puede transformarse en una barrera concreta.
La prevención combinada parte justamente de reconocer
que no todas las personas necesitan ni eligen las mismas herramientas.
Preservativos, testeo, PrEP, PEP, información, educación sexual integral,
reducción de daños y acceso temprano al tratamiento forman parte de una
respuesta que debe ofrecer alternativas y permitir que cada persona tome
decisiones informadas.
Por eso, ampliar la PrEP no debería significar
reemplazar otras estrategias, sino ampliar las posibilidades de elección.
El desafío adquiere todavía más relevancia frente a la
velocidad con la que está avanzando la innovación científica. La OMS ya
recomienda, además de la PrEP oral, el anillo vaginal de dapivirina y el
cabotegravir inyectable de acción prolongada. En 2025 incorporó también el
lenacapavir inyectable como una opción adicional de PrEP, administrada dos
veces al año.
Pero cada nueva innovación vuelve a plantear la misma
pregunta: ¿llegará a las personas que más la necesitan?
La discusión no es menor. En julio de 2026, durante
AIDS 2026 en Río de Janeiro, la Organización Panamericana de la Salud volvió a
señalar que la Región de las Américas dispone de más herramientas que nunca
para prevenir, diagnosticar y tratar el vih, pero que persisten brechas de
acceso y cobertura. Entre las prioridades mencionó precisamente ampliar el
acceso a la PrEP oral y a la PrEP inyectable de acción prolongada.
La prevención también necesita justicia.
América Latina no puede quedar convertida en un mercado
tardío para las innovaciones que ya están transformando la respuesta al vih en
otras partes del mundo. Pero tampoco alcanza con reclamar nuevas tecnologías si
las herramientas que ya existen continúan encontrando barreras para llegar a
las comunidades.
La discusión sobre PrEP, entonces, es una discusión
sobre el derecho a prevenir. Sobre la posibilidad de elegir cómo cuidarse.
Sobre sistemas de salud capaces de acompañar esas decisiones y comunidades que
participen activamente en su implementación.
Porque una herramienta preventiva solamente cumple
plenamente su función cuando deja de ser una posibilidad disponible para
algunas personas y se convierte en una opción real para todas las personas
que podrían beneficiarse de ella.
Y ese es, quizás, uno de los grandes desafíos de la
respuesta regional al vih: que el próximo avance científico no vuelva a
encontrarse con las mismas viejas barreras de acceso.
En Acción en VIH cuidamos la privacidad de las personas que visitan este sitio.
La información que puedas brindar (por ejemplo, a través de formularios de contacto) se utiliza únicamente para responder consultas, brindar información sobre el programa y mejorar la experiencia del sitio. No compartimos datos personales con terceros ni los utilizamos con fines comerciales.
Entendemos la importancia de la confidencialidad, especialmente en temas vinculados al VIH, y trabajamos para proteger la información y los derechos de las personas.
Este sitio puede utilizar cookies para mejorar la navegación. Podés configurar tu navegador para desactivarlas si lo preferís.
Para consultas sobre tus datos, podés contactarte a través de los canales disponibles en el sitio.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los presentes términos.
Los contenidos publicados tienen fines informativos y educativos. Si bien procuramos que la información sea clara y actualizada, no reemplaza la consulta con profesionales de salud.
Este sitio promueve el acceso a información confiable, el acompañamiento comunitario y el respeto por los derechos de las personas con VIH.
No está permitido el uso indebido de los contenidos, incluyendo su reproducción o distribución sin autorización.
El sitio puede incluir enlaces a páginas externas, sobre las cuales no tenemos control ni responsabilidad.
Nos reservamos el derecho de actualizar estos términos en cualquier momento.