La Conferencia Internacional sobre el Sida realizada en Río de Janeiro mostró que la respuesta al vih cuenta hoy con herramientas capaces de transformar la prevención y el tratamiento. Pero también dejó una advertencia: sin financiamiento sostenible, participación comunitaria y acceso equitativo, la innovación puede profundizar las desigualdades que todavía atraviesan la respuesta.
Río de Janeiro volvió a convertirse, durante julio, en
uno de los principales puntos de encuentro de la respuesta mundial al vih. AIDS
2026 reunió a científicos, profesionales de la salud, gobiernos, organismos
internacionales y organizaciones comunitarias para discutir hacia dónde va la
epidemia y qué herramientas existen para cambiar su curso.
Pero la conferencia dejó algo más importante que un
catálogo de novedades científicas.
Dejó una pregunta política: ¿qué ocurre cuando la
ciencia avanza más rápido que la capacidad de garantizar el acceso?
La cobertura realizada por Corresponsales Clave puso
esa tensión en el centro desde el comienzo. En la apertura de la conferencia,
referentes de la Sociedad Internacional del Sida, ONUSIDA, la Organización
Panamericana de la Salud, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil
coincidieron en advertir sobre el impacto que pueden tener los recortes del
financiamiento internacional sobre décadas de avances frente al vih. Al mismo
tiempo, señalaron que existen herramientas científicas sin precedentes y que el
desafío consiste en convertirlas en respuestas accesibles y sostenibles.
La paradoja atravesó buena parte de las discusiones en
Río.
Nunca hubo tantas posibilidades para prevenir y tratar
el vih. Pero tampoco desaparecieron las barreras que históricamente
determinaron quién puede beneficiarse de esos avances y quién queda esperando.
Uno de los protagonistas fue el lenacapavir, una
herramienta de prevención de acción prolongada que puede ofrecer protección
durante seis meses. La experiencia presentada en la conferencia mostró que
puede incorporar a personas que no utilizan PrEP oral y que la posibilidad de
no depender de una toma diaria puede modificar radicalmente la relación de
muchas personas con la prevención.
Sin embargo, el mismo desarrollo científico volvió a
poner sobre la mesa el problema del acceso.
Corresponsales Clave señaló que los primeros
despliegues nacionales alcanzaban a unas 60.000 personas en países en
desarrollo, con una fuerte concentración en Sudáfrica. Frente a la magnitud de
la epidemia, esas cifras muestran todavía una implementación muy limitada. Y
mientras algunos países comienzan a incorporar la innovación, otros continúan
esperando por regulación, financiamiento, acuerdos de producción o decisiones
políticas que permitan ponerla a disposición de sus poblaciones.
La cuestión no es exclusiva del lenacapavir.
AIDS 2026 mostró un horizonte de prevención cada vez
más diverso: PrEP oral, opciones inyectables de acción prolongada y nuevas
investigaciones que buscan reducir todavía más la frecuencia de administración.
El futuro comienza a parecerse menos a una única estrategia preventiva y más a
un conjunto de alternativas entre las cuales cada persona debería poder elegir.
Pero una alternativa que no puede obtenerse deja de ser
una alternativa.
La cobertura de Corresponsales Clave sintetizó esa
tensión con una idea que atraviesa toda la conferencia: la innovación sin
acceso no alcanza. El precio, las patentes, la falta de registro sanitario,
la ausencia de servicios cercanos y las desigualdades entre países pueden
convertir una tecnología extraordinaria en una posibilidad reservada para unos
pocos.
En ese escenario, las comunidades volvieron a ocupar un
lugar central.
La sociedad civil latinoamericana tuvo su propio
espacio de discusión en Río. El encuentro, organizado y facilitado por
Corresponsales Clave, puso sobre la mesa una preocupación que excede cualquier
conferencia: qué sucederá con las respuestas comunitarias cuando disminuyan los
recursos internacionales que durante años permitieron sostener parte de ese
trabajo. La conclusión fue contundente: América Latina y el Caribe no carecen
de experiencias, capacidades ni voluntad. El desafío es transformar esa fuerza
dispersa en una estrategia regional capaz de sostenerse frente a los cambios
políticos y financieros.
Esta discusión resulta especialmente relevante para las
personas que viven con vih.
Porque la respuesta no se construye únicamente dentro
de los laboratorios ni en los grandes centros hospitalarios. También se
construye en los espacios donde una persona encuentra información confiable,
consigue acompañamiento, resuelve una barrera administrativa, accede a su
tratamiento o puede hablar de su diagnóstico sin miedo a ser discriminada.
Durante la propia conferencia, una de las discusiones
previas estuvo dedicada a la crisis del tratamiento y al papel de las
comunidades. Allí se plantearon los efectos de la reducción de la cooperación
internacional, las barreras vinculadas con la propiedad intelectual y las
decisiones políticas capaces de hacer retroceder los avances alcanzados. Pero
también se destacó el valor del monitoreo ciudadano y de las organizaciones
comunitarias para defender el acceso a medicamentos y derechos.
Es una perspectiva que dialoga directamente con lo que
Acción en VIH viene encontrando en los territorios.
En Jujuy, Salta y Tucumán, las comunidades señalaron la
necesidad de fortalecer la prevención combinada, acercar la PrEP a los barrios,
mejorar la información, sostener la salud mental, reducir el estigma y construir
redes permanentes entre organizaciones, servicios de salud y gobiernos.
Desde esa mirada, Río no aparece como un mundo lejano.
Lo que se discutió en AIDS 2026 también habla de los
desafíos cotidianos de América Latina: cómo transformar una innovación científica
en una política pública, cómo garantizar que una tecnología llegue a un
territorio y cómo evitar que las desigualdades económicas y geográficas
determinen quién puede acceder a ella.
La conferencia mostró que el vih puede ser respondido
con herramientas cada vez más eficaces. Pero también recordó que ninguna
tecnología funciona aislada de las condiciones sociales que permiten acceder a
ella.
La ciencia puede abrir una puerta.
La política pública, los sistemas de salud y las
comunidades tienen que conseguir que esa puerta esté abierta para todas las
personas.
Y quizás esa sea una de las principales lecciones que
dejó Río: el futuro de la respuesta al vih no se juega solamente en qué tan
lejos puede llegar la ciencia, sino en nuestra capacidad colectiva para lograr
que sus avances lleguen, efectivamente, a quienes más los necesitan.
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