La experiencia de Acción en VIH en Chaco identificó barreras vinculadas con la confidencialidad, la organización de los servicios y el acceso a herramientas de prevención combinada. Los relatos sobre dificultades para obtener PEP y PrEP, especialmente fuera de la capital, muestran que garantizar una política sanitaria también implica revisar los circuitos que permiten —o impiden— ejercer ese derecho.
Hay momentos en
los que la diferencia entre una política pública disponible y una política
pública accesible puede medirse en horas.
La profilaxis
posexposición al VIH —PEP— es uno de ellos. Se trata de una herramienta de
prevención que debe iniciarse lo antes posible y dentro de las 72 horas
posteriores a una exposición. Por eso, cuando una persona llega a una guardia
solicitándola y recibe como respuesta que debe regresar al día siguiente, el
problema no es solamente administrativo: puede afectar directamente la
posibilidad de acceder a una estrategia de prevención en el momento en que más
la necesita.
Esa situación
apareció entre los testimonios recogidos durante el componente NEA de Acción en
VIH: Mejorando la calidad de vida de las personas con VIH, que durante junio de
2026 desarrolló actividades en Corrientes, Chaco y Misiones. En Resistencia
participaron 143 personas dentro de las diez actividades presenciales que
reunieron, en todo el componente, 664 asistencias correspondientes a 619
personas únicas.
El recorrido
por Chaco permitió identificar una serie de obstáculos que tienen un punto en
común: no siempre alcanza con que una herramienta exista dentro de una política
sanitaria. También tiene que estar disponible en el lugar adecuado, en el
momento adecuado y mediante un circuito que las personas puedan transitar sin
exponerse ni enfrentar barreras innecesarias.
Los testimonios
recogidos señalaron dificultades vinculadas con la confidencialidad, la
organización de los servicios y la disponibilidad de estrategias de prevención
combinada. Entre las situaciones mencionadas aparecieron circuitos
asistenciales con cartelería o ventanillas fácilmente identificables, registros
nominales que podían comprometer la privacidad, demoras en la entrega de
medicación y dificultades para acceder a PrEP y PEP en distintas localidades
del interior provincial.
Cada una de
esas situaciones puede tener un impacto diferente. Pero juntas muestran algo
más profundo: el acceso a la salud también se construye en los detalles de cómo
funciona una institución.
La
confidencialidad no comienza ni termina en el consultorio. También depende de
dónde se retira una medicación, cómo se registra una consulta, quién puede ver
determinados datos o qué información queda expuesta en una sala de espera.
Para una
persona que vive con VIH, esa dimensión puede ser decisiva. El temor a que
otras personas conozcan su diagnóstico, a ser juzgada o a quedar expuesta puede
convertirse en una barrera para iniciar o sostener la atención.
El propio
componente NEA incorporó esta perspectiva como parte de la capacitación de los
equipos de salud. Las jornadas combinaron actualización científica sobre
prevención combinada, diagnóstico, tratamiento, PrEP y PEP con contenidos
relacionados con derechos, confidencialidad, barreras de acceso, impacto
psicoemocional, adherencia y experiencia de las personas que viven con VIH.
Ese cruce
resulta especialmente importante porque permite mirar la respuesta sanitaria
desde dos lugares al mismo tiempo: lo que el sistema ofrece y lo que una
persona realmente experimenta cuando intenta utilizarlo.
En Chaco, esa
diferencia también apareció en relación con el territorio.
Las
dificultades para acceder a PrEP y PEP no fueron planteadas únicamente como un
problema de información. Los intercambios señalaron obstáculos en distintas
localidades del interior, lo que coloca sobre la mesa una cuestión central para
las políticas de prevención: la distancia geográfica también puede convertirse
en una desigualdad sanitaria.
Una herramienta
de prevención pierde parte de su potencial si para acceder a ella una persona
necesita trasladarse largas distancias, atravesar múltiples circuitos
administrativos o volver varias veces a un establecimiento.
Por eso, entre
las prioridades identificadas después de las actividades aparecieron la
garantía de disponibilidad de PEP en las guardias y la expansión de PrEP hacia
el interior provincial. También se planteó la necesidad de revisar los
mecanismos de confidencialidad y fortalecer la capacidad operativa del Programa
Provincial de VIH.
La situación de
PEP es particularmente ilustrativa.
Una persona
puede conocer que existe esta herramienta, decidir utilizarla y buscar atención
dentro del plazo indicado. Pero si el establecimiento no tiene un circuito
claro, si la persona es derivada a otro servicio o si se le pide que regrese al
día siguiente, el conocimiento individual ya no alcanza.
La prevención
necesita entonces algo más que información: necesita capacidad institucional
para responder.
Ese es uno de
los aprendizajes que atraviesan todo el recorrido del NEA. Las capacitaciones
no fueron pensadas únicamente para actualizar contenidos científicos, sino para
analizar cómo esas herramientas se incorporan a la realidad cotidiana de cada
provincia. La metodología permitió relacionar los contenidos técnicos con las
barreras identificadas por personas usuarias, organizaciones y profesionales y
formular propuestas ajustadas a cada territorio.
En Chaco
también apareció una dificultad institucional que puede parecer secundaria,
pero que resulta relevante para la continuidad de una política: la
coordinación.
Durante las
jornadas participaron equipos de atención primaria, áreas de prevención, diversidad
y otros servicios de salud. Sin embargo, no estuvieron presentes referentes del
Programa Provincial de VIH. Distintos actores señalaron esa ausencia como una
limitación para fortalecer la coordinación técnica y la respuesta sanitaria en
el territorio. También surgieron preocupaciones sobre una estructura operativa
reducida y la concentración de funciones en una única coordinación provincial.
Pocos días
después de las actividades, el equipo de Acción en VIH presentó los principales
hallazgos y recomendaciones al entonces ministro de Salud, Sergio Rodríguez, y
a Diana Cabral. Pero el cambio de autoridades producido poco después volvió a
poner en evidencia otro desafío habitual de las políticas públicas: cómo lograr
que una agenda construida colectivamente pueda sostenerse cuando cambian las
personas que ocupan los cargos de decisión.
La respuesta no
puede depender solamente de la voluntad de una persona o de una gestión.
El informe del
componente NEA plantea la necesidad de que la articulación entre ministerios,
programas provinciales, hospitales, CAPS, laboratorios, universidades y
organizaciones comunitarias pueda sostenerse mediante vínculos institucionales
duraderos. También señala la importancia de revisar los circuitos de testeo,
entrega de resultados, acceso a PrEP y PEP, provisión de medicación, turnos y
estudios complementarios desde una perspectiva centrada en las personas.
En ese sentido,
la experiencia chaqueña no deja solamente un listado de problemas. También
aporta una agenda.
Fortalecer la prevención
combinada significa garantizar que las distintas herramientas puedan utilizarse
de manera articulada. Significa formar equipos, mejorar los circuitos,
descentralizar cuando sea necesario y asegurar que la información pueda llegar
a quienes la necesitan.
Pero también
significa escuchar.
Las actividades
comunitarias del NEA mostraron que cuando la información científica se combina
con diálogo horizontal y acompañamiento entre pares, las personas pueden
fortalecer su capacidad para ejercer derechos, tomar decisiones informadas y
sostener el vínculo con los servicios de salud. Además, esos espacios permiten
hacer visibles necesidades que muchas veces no aparecen en los registros
administrativos.
Por eso, una de
las principales contribuciones de este recorrido es haber puesto en la misma
conversación a quienes diseñan, implementan y utilizan la respuesta.
En Chaco
participaron 30 personas en la capacitación destinada a equipos de salud,
dentro de un grupo regional de 103 participantes entre las tres provincias.
Profesionales de distintas disciplinas, personal de apoyo, estudiantes y
referentes con responsabilidades de conducción formaron parte de un abordaje
interdisciplinario.
El desafío
ahora es que esas conversaciones se conviertan en cambios verificables.
Que una persona
pueda pedir PEP y obtener una respuesta dentro del tiempo necesario. Que pueda
acceder a PrEP sin que vivir lejos de la capital se convierta en una barrera.
Que pueda retirar su medicación preservando su privacidad. Que los equipos conozcan
las herramientas disponibles. Que las instituciones tengan circuitos claros.
Que los cambios de gestión no obliguen a empezar de cero.
En definitiva,
que el derecho a la prevención no dependa de cuánto sabe una persona sobre el
sistema, cuánto puede trasladarse o cuántas veces está dispuesta a insistir.
La experiencia
de Chaco deja una pregunta que atraviesa toda la respuesta al vih: ¿qué ocurre
entre el momento en que una política reconoce un derecho y el momento en que
una persona consigue ejercerlo?
Es justamente
en ese espacio —entre la norma y la experiencia cotidiana— donde todavía queda
buena parte del trabajo por hacer.
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